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crónica de una no-muerte II

31 May, 2006

[continuacion de otro post, para leerlo, click aki] (igual muy largo, ¿no?)

Aquella había sido una noche diferente. Toda mi soledad, mi desasosiego se vio soliviantado por aquella persona; Zarath, me dijo que le llamase Zarath. Fue extraño, casi violento. Como cuado dos animales salvajes se encuentran en la mitad de un espeso bosque y miden sus fuerzas solo con la mirada, sin atacarse, pero enseñando lo dientes.

 

Nos cruzamos en aquel callejón; sucio, maloliente, sombrío y deprimente. Ambos nos reconocimos casi automáticamente como engendros e la Estirpe. Solté mi mano como un resorte hacia la empuñadura del cuchillo que siempre escondo bajo mi sudadera, recordando con claridad casi cristalina las palabras de mi sire:

 

“nunca jamás te fíes de nadie, vampiro o no, ni de nada. Todos te odian y desean tu muerte”

 

Pero él parecía diferente, estaba insospechadamente tranquilo, no vi ningún cambio de expresión en su pálida cara cuando desenfunde el cuchillo. Solo dijo:

 

“¿en serio quieres que nos matemos para que uno de los dos tenga que cargar en los últimos jirones de su conciencia con el asesinato del otro?”

Aquella frase golpeo en mi cabeza como la maza de un cantero golpea con fuerza el granito para darle forma. Aun recuerdo su tono, sincero pero tétrico, amable pero amenazante…

 

Baje la guardia y él se me acercó sonriente, satisfecho con el resultado.

 

Aquella noche no cazamos, vagamos por todos los rincones de la ciudad ajenos a todo y ajenos todos. Hablamos. No recuerdo haber hablado tanto con ninguna persona ni en mi vida ni en mi no-muerte. Hablamos de todo y de nada, de lo humano y lo divino, de él y de mí. Por lo que puede deducir de todo lo que dijo era otro sin clan, otro paria de la sociedad vampírica, como yo, repudiado por todos los vampiros-de-bien. Pero se dedicaba a viajar, a recorrer el mundo, vagando de un lugar a otro en busca de una revelación, Golconda la llamaba. Mi sire nunca me hablo de eso. ¿Un estado superior de conciencia? En mi vida como humano me hubiese reído a carcajadas de cualquier persona que me hubiese dicho semejante memez. Pero tras mi muerte toda mi cosmovisión, toda mi interpretación de la realidad, se había derrumbado por el propio peso de los hechos que había vivido en mi nueva realidad, como chupasangre muerto con poderes sobrehumanos.

 

Se que estoy frivolizando, pero mi nueva naturaleza, vacía por completo de otra sensación que no sea el hambre, me ha aportado una nueva forma de relacionarme con esta farsa de mundo en la que vivimos.

 

Golconda. Es una palabra que intentare recordar, tal vez algún día…

 

Hoy me había citado con él, no se como pero me localizo y me envió, a través de un hijo de la calle, sucio y desliñado, una misiva; para encontrarnos esta misma noche a las 12:00 en la torre del campanario de la iglesia nueva, la del bonito parque lleno de flores durante el día y de delincuentes por la noche. Era un poco convencional, casi típico. Pero su cata despertó mi curiosidad:

 

“tengo algo que enseñarte, te sorprenderá y te fascinara”. “cambiara tu vida y tu no-muerte”

No parece una gran frase, pero había encontrado mi refugio y había demostrado que me conocía bien, sabia mis motivaciones y mis intereses.

 

Así, guardé aquella carta; escueta pero profunda, escrita con pluma sobre un pedazo de papel antiguo, con una caligrafía tan elaborada que me sorprendió que fuese capaz de leerla; y me dispuse a salir en su busca.

 

Apenas faltaban un par de minutos para que el gran reloj de la torre hiciera sonar sus enromes y lúgubres campanas anunciando la hora de los muertos cuando, de ponto, vi a aquel humano, que o olía a humano, su olor era animal, violento, llenos de odio, empapado en sangre, sangre de vampiro, su respiración era tan aclarada que parecía que su corazón desbocado iba a salírsele del pecho.

 

Le descubrí lamiéndose unas heridas, como un perro callejero, parecía ajeno al mundo que le rodeaba hasta que me acerque. En cuanto descubrió mi presencia se levanto de un salto, me enseño los dientes gruñendo y se marchó, corriendo, rápido, muy rápido.

 

Yo no salía de mi asombro. ¿¿Qué demonios era eso?? Corrí hacia el campanario a toda velocidad en busca de Zarath, allí tan solo descubrí señales de lucha, una lucha terrible y feroz, todo estaba salpicado por la sangre, había marcas de garras en las paredes y los árboles cercano, todo lo rompible estaba roto, incluso reconocí en le suelo pequeños pedazos de la ropa de Zarath.

 

En aquel momento sentí odio. Un odio tan intenso que tuve que gritar, grite desde el fondo de de mi alma hasta el negro cielo que cubría aquella macabra escena de sangre, pedazos de carne y jirones de ropa.

 

En aquel momento decidí vengarme, no por la muerte de mi nuevo compañero sino por el secreto que jamás conoceré y que ese ser tan despreciable me arrebato vilmente. Decidí seguir su rastro, que me llevo hasta los suburbios y la afueras de la ciudad, pero pronto se haría de día, así que pospuse mi caza por una noche, pero solo una.

 

2 comments

  1. vaya me gusto mucho… seguiras escribiendo no? digo para ver como termina y por que lo haces bien…

    besos!


  2. Genial! me ha encantado tio…no nos tengas en ascuas danos un adelanto.

    Me ha gusta mucho la manera tan agil con la q escibes no te pierdes mucho a la hora de describir a los personajes y las situaciones…esta muy bien.

    A ver como sacas a tu personaje de este entuerto.

    PD: que sea cruel…muy cruel xD

    Besos tio!



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